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Leopoldo
03 Aug 2008 05:31:24 am
Los antiguos vigilaban las cosas y las anotaban. No las catalogaban por orden de causa sino por simpatía en efecto. Así veían el mundo de manera analógica, y veían más lejos, porque veían en la imaginación. Ahora somos digitales. La señal digital tarda más en llegar hasta nosotros. Un analógico percibe el gol de su equipo favorito una milésima de segundo antes que su compañero digital terrestre. Ese tiempo de más es el que van a intentar usar los digitales para salirse con la suya.

- ¿Que es..?
- Conseguir que todo sea diferido, diferir la realidad.
- ¿Para bien o para mal?
- Para bien, según ellos. A la realidad diferida se la puede filtrar mejor. Se ahorrarían sorpresas.
- ¿Qué sorpresas?
- Las que produce la imaginación.
- ¿Por ejemplo... ?
- ...
- ¡Eh!
- Leopoldo ha muerto.

Leopoldo Alas ha muerto. Lo esperaba, lo esperábamos hace ya varios días. No sé en qué momento dejamos de bromear sobre la regañina que íbamos a echarle por habernos asustado tanto y empezamos a aceptar una realidad tan injusta como abrumadora. La noticia llegó mientras escribía y mi intento de reproducir una conversación trivial con el gato acabó de irse al traste. Doña Mari, que ha llamado hoy por teléfono, ha insistido demasiado en saber si yo estaba bien.

- ¡Estoy bien, coño!
- Así me gusta.

Pero no estoy bien. Era mi amigo desde hace relativamente poco tiempo (nos presentó Ruth Toledano en una de las escasa fiestas a las que acudo y a la que no estaba invitado Moncho Alpuente), de modo que no lo conocía más allá de saber de su contradictorio coraje y su coherente debilidad. Se parecía mucho a mí en algunos aspectos y muy poco en otros. Conmigo se mostró siempre firme en la polémica (aunque nunca obcecado) y llevadero en la cordialidad. Quienes lo conocieron mejor dicen que era propenso a la frustración, y que a veces pagaban justos por pecadores... Así que también nos parecíamos en eso.

La nuestra fue una amistad de trabajo o, mejor dicho, de comidas de trabajo (esa costumbre tan española). Nunca salimos sólo a tomar una copa, y nunca conseguimos que viniese a Magaz, ni siquiera cuando Raquel le amenazó con darle una paliza si no lo hacía. Podría decir también que era un luchador, pero prefiero dejar eso a los panegiristas. Lo nuestro, en suma, quizá fue cordialidad, simpatía mutua que no tuvo tiempo de convertirse en verdadera amistad. Y debería alegrarme, porque su relación con los amigos parecía tener siempre un sesgo tortuoso, adolescente, que me sorprendía. No era raro que en uno o dos días pasase de "hemos regañado, le odio" a "hemos hecho las paces, es un cielo". En cualquier caso, entre él, Paco, Antonio y un servidor conseguimos iniciar una colección de poesía que aún tiene que darnos muchas satisfacciones.

Diré algo sobre su muerte. La prensa ha dicho que fue el resultado de "una larga enfermedad". Lo que yo sé es que ingresó con neumonía y que murió en el hospital un mes y pico más tarde. ¿Qué enfermedad? Ignoro los motivos que impiden a quien corresponda hablar de complicaciones inmunológicas o de bacterias de hospital. Odio ese secretismo médico-familiar que deja a los ajenos huérfanos de una explicación. Al fin y al cabo la muerte es la causa de la muerte cuando sólo tienes cuarenta y séis años. Espero que no esté en el cielo de los periodistas, y sí en alguno donde pueda defender los derechos de los Serafines o los Querubines, o de los Tronos, Dominaciones, Virtudes, Potestades, Principados, Arcángeles o Ángeles. La otra vida, no hace falta que se lo explique a ustedes a estas alturas, es un invento de los que se quedan, como la física nuclear, la resurrección de la carne o el jamón con melón.

- Estás dolido, me vigila Raquel.
- Rabioso, rabioso y cabreado.
- No, dolido.

Lo supe el día anterior. Los médicos se limitaban ya a cumplir su protocolo de rendición, a verificar que, en efecto la aparencia de vida era tan sólo eso: una ficción producida por las máquinas. La noticia final sería, ya, una afirmación diferida, y sin embargo me dispuse a esperarla, como si en ese trayecto, en ese pequeño lapso entre dos señales, algo pudiese aún cambiar. Cambió. Me di cuenta, de pronto, de que no éramos tan distintos, de que hay gente viva que tiene muchísimo menos que ver conmigo que este muerto recién licenciado. Hay gente viva incapaz de quedarse así en mi corazón, y lo procuran con insistencia. Había prometido regalarle mi higuera bonsái (que estaba perdiendo hojas y amenazaba con secarse) si se ponía bueno (una especie de voto imaginario, supongo). Ayer comenzaron a abrírsele algunas yemas. Raquel tiene razón.
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Categoría : Diario | Enviado por : Juan Carlos Suñén | Comentarios [4]

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Comentarios

Leopoldo
Por : cr @ Hora : 03 Aug 2008 12:51:02 pm :
Le conocí en el Bandido, en un té de la Escuela, el suyo. Simpatizamos en seguida y estuvimos buena parte de la noche hablando: de cuando yo le leía en La Luna, de sitios en los que habíamos estado al mismo tiempo, de su predilección por la poesía, de un amigo suyo que andaba por allí envuelto en una conversación amarga… Era fácil hablar con él, agradable y acogedor. Después de eso siempre me distinguió con su saludo cariñoso, con su sonrisa de niño y esa forma de hablar de todo un poco sencilla e inteligente. Un día llegó tarde a un té y le preguntaron dónde quería sentarse “con ella” dijo, después me lo contó Gabriel algo sorprendido, pero sobre todo porque sabía que me haría ilusión. Nos vimos siempre en encuentros de la Escuela y siempre fue un placer, a veces no acabó en charla y alguna vez me he quedado con las ganas de irme con él y con Luís al salir del Emperador. La última noche que pasamos hablando (yo escuchaba más que nada, a él y a Suñén) fue de risas y fotos (es responsable de una de las peores fotos que tengo, dicho sea de paso), de resolución de problemas y de invitaciones. Cuando nos fuimos en un taxi compartido me contó que tenía ganas de subir a Magaz y que le paraba su pereza de peatón: el taxi a la estación, el autobús, otro trayecto hasta el pueblo… “si tú vas voy contigo” me dijo, no le dije que no procedía mucho, porque pensé tampoco procedía la aclaración, yo siempre tengo alguien que amar en el norte, León me pilla de camino hacia querer a alguien y sería agradable un vinito con Raquel y Juan Carlos, que estarían encantados de recibirle por fin. Parecía que siempre habría tiempo, ni siquiera le pedí su teléfono por si acaso. No pensé en él cuando Suñén contó en el blog que tenía un amigo enfermo, era tan joven. Pero si pensé esta primavera que si subía a Pontevedra o a la Coruña intentaría ponerme en contacto con él, ya no podré llevarle.

Es tiempo de pérdidas para mi, de desmontar la vida, de esperas contenidas, de espejismos a los que no acudo, de incertidumbre, de inestabilidad que afecta a más de uno… Pero me mantengo serena, dura y casi siempre sonriente a veces pienso que me queda poco más que “impresionar a mis amigos” haciéndoles reir mientras me duele, así que me derrumbo poco y me derrumbo a solas. Pero hoy llevo toda la mañana lagrimeando por alguien que me hubiera gustado mucho tener como amigo pero que al fin y al cabo vi pocas veces en mi vida, uno de mis ex-maridos diría que es falso por exagerado; sin embargo, precisamente Leopoldo no lo pensaría, creo. Una vez le ví estaba hablando con alguien me acerqué por detrás y le acaricié la nuca con el envés del dedo suavemente, se volvió sorprendido y cuando me vio aun mantuvo la sorpresa un instante (la caricia era exagerada para el tipo de relación seguramente) pero inmediatamente me sonrió y me dio un beso, ya está, esa noche él leía poesía y ya no le vi más pero yo sólo quería que supiera que me alegraba especial y sinceramente de verle y Leopoldo entendía.

Escribo poco por aquí (y por allí) y hoy me he excedido, en realidad sólo quería mandar un beso grande a los que le queréis más de cerca.

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El pésame del Censort Roquefort
Por : El Censort Roquefort @ Hora : 03 Aug 2008 06:46:46 pm :
Yo no conocí a ningún Leopoldo, pero conozco a un Juan Carlos y me apenan las yemas abiertas del bonsai. Un abrazo.
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Muerte
Por : María @ Hora : 05 Aug 2008 06:57:42 am :
Cualquier muerte es lamentable. Su amigo, a pesar de ser conocido escritor, al menos, se murió en verano, como marchándose de vacaciones. Y tiene usted razón (si no he leído mal): el cielo lo necesitan más los que se quedan que los que se van.
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a Sñ de Paloma
Por : Paloma @ Hora : 07 Aug 2008 02:19:45 am :
Qué pena tan rara, por este chico que no conocía, (le leí con el ánimo cruel de burlarme de su apellido, pero no me fue posible); yo también soy desordenada y siempre recordaré a El ermitaño.
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